Tengo que confesarlo queridos futuros lectores de este blog: esta puede ser la sexta vez que abro un blog, que clama ser el mayor compendio sobre mi persona que jamás se ha visto en la red (lo cual no es difícil, teniendo en cuenta mi status de “John Doe” internetil). Y tengo que decirlo: esta vez voy en serio.

¿Por qué me abro un blog?
Tennant approves this chance!

Sí, soy muy consciente de aquello que se dice de “me abro un blog y pienso actualizarlo a menudo”, para luego abandonar vilmente la tarea. El mundo está tan lleno de personas con aires de grandeza web, casi tanto como lo está el cementerio de los blogs personales. Yo mismo soy responsable de varios crímenes contra algunos blogs que consideraba decentes. ¿Las razones? Cada día busco 20 razones para no hacerlo (ya sabéis, las inseguridades) frente a las 5 o 6 que solía tener siempre en mente. Y ese, precisamente es el problema: no necesitaba 5 razones para crear y mantener un blog. Sólo necesitaba 1: porque esto es lo que me gusta.

Disfruto enormemente escribiendo de lo que me gusta, de lo que me apasiona, de lo que me preocupa, de lo que me entristece. Me encanta diseñar imágenes, montar vídeos. Adoro experimentar con redes sociales, estudiar cómo reacciona la gente ante las cosas, analizar cómo provocar una reacción u otra. Me vuelve loco este mundo de la comunicación y la tecnología

Pero sólo cuando hago lo que de verdad quiero hacer

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Una reliquia del pasado: la cabecera de uno de mis antiguos blogs

No me malinterpretes anónimo lector, soy todo un profesional y cumplo diligentemente con mi trabajo, cuando lo considero tal. Pero lo que nos reúne hoy aquí no es un encargo para el curro, ni una “colaboración”. Hablo de invertir en mí, de escribir un blog personal sin ínfulas ni objetivo alguno. Simplemente un espacio en el que poder expresarse.

Como ya he explicado, he intentado esto mismo varias veces sin éxito. La primera vez, Internet estaba prácticamente en pañales y yo, sinceramente, no supe verle el potencial a esta herramienta. Aún así pasé casi dos años inolvidables escribiendo las cosas que se me venían a la cabeza o hablando de cosas que me gustaban. Al final, no fue nada serio, pero hoy me doy cuenta de que debo aprender mucho de esa experiencia.

Saltemos al 5º blog. Ése fue el que precedió a esta publicación y, he de decir, que en teoría estaba más emocionado por publicarlo que esta nueva oportunidad. Para la ocasión, empuñé mi pluma de gala y escribí sobre todo de temas que “de verdad me importan”:

– Los 5 pecados capitales en redes sociales
– Análisis del discurso periodístico
– Entrevistas varias a personas “muy influyentes” pero que a mí nada me aportaban
– Blablabla

Aparte de estos ejemplos, reuní bastante material. De hecho creo que de alguna forma habría llamado la atención con un poco de constancia. ¿Entiendes ahora mi fracaso? Estaba escribiendo lo que pensaba que mi público objetivo -o al menos el que yo deseaba- quería leer, pero no estaba escribiendo lo que de verdad me rondaba la cabeza. Estaba escribiendo lo que pensaba que tenía que escribir.

No critico para nada escribir sobre esos temas. De hecho a menudo reflexiono sobre ellos y me apetece darle un poco al teclado… pero eso aquí no puedo forzarlo. Si quiero tener un espacio personal, debo conseguir precisamente eso: crear un santuario. Si abro un blog necesito un sitio en el que pueda publicar absolutamente lo que quiera, siguiendo mi propio estilo, sin pensar demasiado en lo que los demás pueden decir. Un refugio en el que poder desarrollarme personal y profesionalmente, sin tener que actuar como si estuviera trabajando.

Sí, al final hablamos de crear una imagen personal, pero una que proyecte una media entre la figura que se quiere mostrar y la que es en realidad.

Hoy, con casi 30 años que tiene ya el prenda que escribe este post, me he cansado de escribir basura para otros. Hoy abro un blog. Quiero dejarme llevar. Escribir sobre cosas importantes para mí y también cosas banales, pero que de algún modo me llenan. Afortunadamente, mientras que escribo esto, no tengo necesidades económicas urgentes, por lo que puedo eliminar de un plumazo la intención pecuniaria (¿ganar dinero escribiendo? really?). Así que sólo queda una cosa… liberar a la bestia.

Y por bestia entiendo a un loco barbudo al que le gusta volcar lo que piensa en la red. Son cosas mías. Ya os acostumbraréis…